viernes, 8 de diciembre de 2017

PERSPECTIVA DE UNA VENEZOLANA EN URUGUAY


El mate y sus espacios de poder
 Mélida Briceño
@Catolicoslinea



 
Uruguay es más que la tierra prometida para cualquier venezolano, y eso nos compromete a seguir edificando el idealismo de la esperanza en términos de civilidad. El juicio de mi leve visión extranjera vaticina a una sociedad que puede llegar a ser lo que se proponga ser y para ello cuenta con una herencia cultural laboriosa y determinante que debe transmitirse de generación en generación. He allí el éxito de este gran país latinoamericano.
Todas estas emociones las percibo durante los primeros recorridos por Montevideo, por el casco central, en la feria de Tristán Narvaja, en la Ciudad Vieja y su fulgurante puerto, frente a la estatua de Artigas, en un breve paso por la calle Buenos Aires y la Reconquista, 18 de Julio y 8 de octubre. Siento una fuerza misteriosa que nos atrae desde lo telúrico, desde la misma cultura latinoamericana que se cuela en alguna brisa frente a nosotros, nada es ajeno, todo es sensitivo. 

Al Papa Francisco le encanta tomar mate
La cultura popular del Uruguay es tremendamente sentimental. Las páginas de los periódicos se explayan en homenajes al folclore, promoción de colectivos, novedades del teatro, ballet, danzas, cantos, tangos, extrema oda a una rica gama de identidad nacional que conserva atisbos de aquella cultura europea que llegó para quedarse en tiempos de la colonia.

Pero hasta ahora la batuta de mis impresiones la lleva la famosa yerba mate. Esta consigna viaja a todos lados, la vida del Uruguay es el mate, creo que compite seriamente con el gusto por el balompié. Ciertamente tiene un gran sabor, me traslada a recónditos lugares de Venezuela, el gusto es como el de las hojas de matas de plátano verde. Es una mera asociación. 

Igualmente siento que esta yerba merece una connotación superior.  Desde muy jóvenes hasta adultos, abuelitos, ejecutivos, colectivos, vendedores y comunes, abrazan el termo de agua caliente desde tempranas horas del día, cuando despunta el alba, un 80% si no exagero, del tumulto abigarrado de Montevideanos que se entreteje en las principales calles de la capital y que se disponen hacia sus jornadas de trabajo. 

Lo grandioso es que forma parte ya de un marcado estilo de vida que va acompañado del pocillo y la bombilla, no solamente para amainar los rudos fríos del invierno sino a toda hora y durante todos los días del año, he comprendido que es parte de la tradición y la identidad de la nación. ¡Bien dicen que se toma más mate en esta tierra que en Argentina!

Entonces me pregunto, Quién o qué ocupa en este momento más espacios de poder en el país. Evidentemente que es la tibia infusión. Su influencia es arrasadora, determinante y no necesitamos de una encuesta para validarlo. Es una pasión aglutinante, la máxima expresión social que une al gentilicio. 
 
Cuando veo desde la  ventana a las señoras del vecindario, reunidas mateando, entonces pienso que realmente el mate llegó para unirnos, para socializar, una gran concepción que nos hace disfrutar aún más de esta infusión propiciadora de encuentros. ¡Y con ello le doy la bienvenida a mi mundo a la famosa yerba!

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