lunes, 16 de marzo de 2015

REFLEXIONES EN CUARESMA



MEMENTO MORI: LA CRUZ DE LA HUMANIDAD
Freddy J. Berrios
@Catolicoslinea

Recordar la mortalidad como ser humano, nuestras limitaciones en el mundo a la fugacidad de la vida, es lo que mueve el deseo de poder, control y  dominio hacia otras personas para así dejar un legado en el mundo: la maldad que es absorbida y se asienta en el alma del hombre para corromper su esencia hasta destruir la obra de nuestro Padre Creador; es así que la vanidad se convierte en el propósito del adversario (cf. Ecl. 1:2; 12:8) para desilusionar al mundo de las promesas de la vida eterna por una temporal, decadente y superficial vida terrena de la que hay que disfrutar, darle placer y evitar sufrir a toda costa; es la enorme mentira sustentada sobre otra mentira de negar la existencia espiritual promoviendo antivalores, libertinaje y  violencia. 
Los cristianos que caminamos en la Santidad, nos corresponde salvar a nuestro prójimo, hay que vivir el Evangelio para preparar a la sociedad de la misericordia que nos ayudará a conseguir la justicia, la paz y la unidad de los pueblos hacia la auténtica evolución del hombre: respeto a la dimensión personalista del desarrollo, la tutela del derecho a la vida, la promoción de la familia, la valoración de la diversidad de culturas con miras a un enriquecimiento recíproco y la protección del equilibrio ecológico. (cf. San Juan P. II en homilía en Czestochowa – Polonia, 15/08/1991) 

¿Qué es la Misericordia?
Del latín misere –necesidad- y cordis –corazón- es el amor a plenitud para dar de lo que se tiene al prójimo; es el misterio de unir nuestra conciencia a Dios, que nos da la esperanza y el propósito para vivir. (cf. 1 Jn 3: 19-20)

¿Cómo puedo ejercer la Misericordia?
Ante la percepción de la “fragilidad” de la vida, Cristo nos enseña a fortalecernos en Espíritu de Humildad, para entender que con el paso del tiempo la vida de cada individuo no se “agota” sino se enriquece si se cultiva la caridad. (cf. CIC 1829)
También debemos buscar gloriarnos en Cristo cargando nuestra propia cruz y buscando ayudar a nuestros coetáneos a soportar el peso de sus cruces; parece una empresa imposible pero no lo es si tenemos nuestra fe depositada en Aquél que me fortalece (cf. Fil 4:13). El perdón y la reconciliación son las herramientas indispensables en el inicio de este plan de salvación.

¿Hay vida después de la muerte?
Sí y hay vida en abundancia para el que cree en la promesa de Cristo (cf. Jn:10-10). Basta un instante para que la muerte domine sobre todo lo terrestre y corrompa nuestros cuerpos en el sepulcro. Solamente estaremos salvados asumiendo con convicción que la muerte, al igual que el pecado, está encadenada a la cruz en la que se sacrificó Jesús por amor, convirtiéndose en señal de victoria gracias a la obra redentora.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario