martes, 25 de octubre de 2016

REFLEXIONES DE UN SEMINARISTA (II PARTE)

LA FAMILIA DON DE DIOS
Andri Viloria
Seminarista. III de Teología

 “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”. Col 3:18-19

La determinación del amor humano tiene su origen en un amor fundante; Dios. Él,  transmite su amor a cada ser humano en y a través de la familia. En el carácter esponsal del amor, Dios devela su amor al hombre-esposo, a la mujer-esposa; en el amor paterno-materno, revela su amor a los hijos; en el amor filial, manifiesta su amor al hombre-padre, a la mujer-madre; en el amor fraternal declara su amor entre los hermanos. Todas estas dimensiones del amor, “entrega sincera de sí mismo”, son posibles porque tienen su origen y fuente en Dios; Él es Esposo, Padre/Madre, Hijo, Hermano. Cada miembro de la familia es fruto, expresión y encarnación de Dios que es amor.


  La magnificencia del amor de Dios, en y a través de la familia, no termina ahí. La dimensión del amor trasciende las fronteras familiares y alcanza a la sociedad. Del mismo modo que la familia es expresión y medio del amor de Dios a sus miembros, en y a través de ella, manifiesta su amor a la humanidad entera. La familia es un regalo de amor de Dios a los miembros que la conforman, a la sociedad que se constituye a través de ellas.

Es propio de la familia, por su naturaleza, ser un prisma del Amor divino y del amor humano. Dios ama al ser humano en la familia y -a través de esta- Él es amado. En y a través de la familia se desvela, comunica y vive el amor en sus diversas dimensiones, no sólo descendente: Dios-persona-familia-sociedad-creación, sino también ascendente: persona-familia-sociedad-creación-creador.



Del mismo principio físico de gravedad que “todo objeto suspendido, tirado en el aire es atraído hacia el centro de la tierra”, así el corazón humano es atraído por la fuerza del amor de la familia, en ella la vocación de toda persona, don de Dios, debe ser consumido en el seno del hogar, en ella crecemos y vivimos.



jueves, 13 de octubre de 2016

SIE7E OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUAL (IV PARTE)

PERDONAR A LOS QUE NOS OFENDEN
Freddy J. Berrios G.
@Catolicoslinea

Qué Misericordioso es nuestro Señor Jesús y cuán grande es su amor; son infinitos sus caminos por lo que llama a los pecadores y profunda la sabiduría con que convierte hechos humanos mezquinos en grandes acontecimientos que demuestran Su Gloria. El agravio inferido de un individuo a otro, es una ofensa que nos da la oportunidad de crecer en el auténtico amor a través del perdón; detrás de la ofensa se esconde la tentación del adversario de generar resentimientos (decepción, odio, intolerancia, etc.) que buscan envenenar el alma, la mente y el cuerpo, pero Cristo en su oración al Padre creador nos imbuye en este compromiso caritativo para fomentar entre nosotros  la unidad. “Errar es de humanos y perdonar es divino” es el argot popular que recoge el sentido ilimitado e inmensurable del amor a través del perdón.

¿Cómo puedo perdonar al que me ha hecho daño?
Es un acto de fe el perdonar y más cuando se encuentra latente un dolor, una pérdida, una humillación, entre otros sufrimientos. Por lo tanto, se requiere de la acción del Espíritu Santo para participar desde el fondo del corazón, en la santidad, en la misericordia y en el amor divino para hacer de nuestra pertinencia los mismos sentimientos que están en Jesucristo; sólo así la unidad del perdón es posible perdonándonos mutuamente como nos perdonó Dios en Su Hijo (cf Ef 4,32; Flp 2, 1; CIC parág. 2842)

Perdono pero no olvido ¿puedo vivir en paz?
No. Hay personas que han causado mucho sufrimiento a los demás y no sólo eso, sino que los malvados influyen en otras personas y las corrompen, con lo cual se opta por “perdonar” temporalmente las ofensas pero estamos en alerta a lo que pueda hacer nuestro hermano, el prójimo; ahora bien, esta opción de “no olvidar” crea una brecha en la que los prejuicios nos separa también de Dios porque no podemos amar a nuestro Señor a quien no vemos, si no amamos al herman@ a quien sí vemos (cf. 1 Jn 4,20). La obligación más bella –como virtud- para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y El Espíritu Santo de su pueblo elegido, por consiguiente estas acciones no se consideran  auténticos  actos de sacrificio y Él nos despide del altar para que antes de ofrecer algo nos reconciliemos con nuestro hermano (cf. CIC parág. 2845).



Hay gente que no les agrado e insisten en hacerme mal ¿qué hacer?    
Los cristianos estamos en el mundo pero no somos del mundo; es normal que por causa de nuestro Señor tengamos enemigos de la fe. No está en nuestra mano y pensamiento no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando el agravio en intercesión; además, damos testimonio del amor que es más fuerte que el pecado. Amar inclusive a quienes nos consideran enemigos es buscar la perfección en la observación del mandamiento de Jesús y es nuestro llamado natural como Iglesia (cf. Mt 5,48; Lc 6,36; Jn 13, 34).





viernes, 30 de septiembre de 2016

SIE7E OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUAL (III PARTE)

3) TOLERAR AL PRÓJIMO
Freddy J. Berrios G.
@Catolicoslinea

Cristo enseñó la verdad, no  la razón; el conocimiento humano es una perspectiva subjetiva de la realidad en el que vivimos y por naturaleza, la mayoría de las acciones que realiza una persona en particular, trata de justificarla –sea buena o mala-. Tolerar al prójimo se convierte en una virtud cuando se practica de manera prudente y respetuosa, no es el hecho de dar o quitar la razón en una determinada situación al prójimo, sino de comprender con paciencia las circunstancias del prójimo. Es nuestro deber como católicos, y nuestro derecho social a la libertad de pensamiento, expresión y acción, a buscar la verdad sobre todo en lo que se refiere a Dios; aquella Verdad que exige obras caritativas para vivir felices.  (cf. Jn 14:6; Mt 5:3-11) 

¿Por qué tengo que tolerar al prójimo?    

Porque es una práctica de amor que agrada a Dios, tolerar al prójimo es una obra muy difícil que exige entrenamiento espiritual del cual surgen gradualmente destrezas, habilidades y actitudes que nos permiten contemplar con inteligencia la misericordia de nuestro Señor. El amor no tiene sentido si no es compartido, por lo tanto hay que ponerlo en práctica sin condiciones ni expectativas. (cf. 1Cor 13:1-13)    
Dios nos creó para servirnos mutuamente, vivir sin esta premisa nos aleja de la recompensa del Reino de los Cielos y nos niega a practicar el amor misericordioso a imagen de la Santísima Trinidad (cf. Manglano, José Pedro y de Castro, Pilar. Orar con Teresa de Calcuta. Editorial Desclée de Brouwer, S.A. España, 2003)

¿Cómo podemos tolerar a los demás?   

Formando un espíritu humilde; con ánimo constante se debe esforzar por el convivir buscando el bien común en la familia, en la sociedad, en el mundo. Tolerar se convierte para el cristiano en una escuela, un sistema moral que forja la perfección -por la Gracia del Espíritu Santo- para manifestar la Gloria del Padre creador. Comprendiendo y aceptando las penas del prójimo no basta para hacer justicia, es necesario sufrir con amor como señal de la conexión de la redención gracias al sufrimiento de Cristo.
En ocasiones, tolerar consiste en “perder” el tiempo con alguien que necesite ayuda y muchas veces nos cuesta dar ese tiempo sin saber que es una oportunidad valiosa de salvación colectiva; estar atento, escuchando sin mirar el reloj y sin esperar  beneficios personales nos enseña que el éxito del amor reside en el mismo amor, no en el resultado de dicha acción caritativa.
       
¿Qué hago si me cuesta “aguantar” a mi semejante?

Ser tolerante con el coetáneo no implica dejarse humillar deliberadamente, ni dejarse faltar el respeto en detrimento de la dignidad humana, pues sería una falsa humildad con posibles daños físicos, psicológicos y espirituales. Tolerar con paciencia los defectos del prójimo es esencialmente una prueba de fe que debe ser acogida dentro del respeto, la compasión y sutileza para evitar discriminaciones, injusticias y violencia que generen divisiones, peleas, divorcios, rupturas de lazos fraternos  y sociales, entre otras acciones atenuantes a las insidias del adversario por desviarnos de la misericordia divina.




jueves, 22 de septiembre de 2016

SIE7E OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUAL (II PARTE)

2) CONSOLAR AL AFLIGIDO
Freddy J. Berrios G.
@Catolicoslinea

Por definición, Consolar es estar al lado de alguien que se encuentra solo, es decir, involucra acompañar. Por lo general, quien busca la soledad es porque se siente triste; entonces la acción de acompañar al que está solo significa asistir al afligido. Para el ser humano, con el pasar de los años, la vida se hace compleja y las tribulaciones eventuales parecen ser más serias; por desgracia, las vicisitudes de perder un trabajo, pasar el trauma de un divorcio, una enfermedad grave, perder un ser querido, entre otros casos, son circunstancias tan angustiosas que nuestro prójimo sufre física, mental  y espiritualmente.
El cristiano debe conocer el verdadero consuelo de Dios cuando nos toque sufrir;  el consuelo es la experiencia de la presencia de Dios y reconocer los signos que lo muestran actuando con nosotros. Hay que profundizar en esta obra de misericordia que va de la mano de la oración para aligerar nuestras cargas mutuamente en beneficio de tantas almas agobiadas que muchas veces optan por no pedir ayuda.

¿Cómo nos consuela Dios?    

En la Biblia encontramos la respuesta “…Todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza” (cf. Rom 15:4)
La humanidad sufre la tentación de transformar nuestra imagen y semejanza de Dios para convertir la propia vida en la tierra como si Dios no existiera en toda su realidad trascendente, es por ello que vemos en la sociedad diversos trastornos psicológicos, depresiones e infelicidad.
Dios es nuestro Padre Creador y nos ayuda a todos por terrible que parezca una situación en particular. De hecho, doctores de la Iglesia aseguran que los acontecimientos que provocan aflicción al espíritu son para que nos volvamos a Dios y busquemos comunicarnos con Él. (cf. Stgo 4:8; Am 3:3; Is 61:1-2. 66:13; Salm 86:17; Mt 11:28-30)

¿Cómo podemos hallar consuelo?   

En la práctica de los ejercicios de piedad se encuentran cuatro (04) maneras que se pueden utilizar de forma combinada inclusive para que sea efectiva aliviar las penas y animar al más necesitado de la alegría de la que estamos todos llamados a tener: 1) Invocación al Espíritu Santo (cf. Hch 9:31); 2) Oración (cf. Filp 4: 6-7) ; 3) La comunidad o hermandad cristiana (cf. Col 4:11; 1Tsl 3:7) y 4) La Biblia (cf. Is 40:1; 2Cor 1:3-7; 1Pe 5:6-7)
Por lo tanto, el rezo del Santo Rosario en una congregación de fieles creyentes y que se aplique la Lectio Divina para la meditación de las Sagradas Escrituras es un método efectivo para buscar consuelo.

¿Dónde podemos hallar consuelo?

En la Iglesia –símbolo de la Madre de Dios y Madre nuestra- . María ha vivido el desgarro de separarse de su único Hijo, muerto en la Cruz; cuenta la tradición que la Virgen revivió su profundo dolor durante largos años de soledad y abandono hasta que fue asumida en el Empíreo del que recibió el consuelo a su pena con la asunción por parte de Dios; por lo tanto, es la madre de los dolores y todos los que sufren son sus hijos predilectos (cf. Mt 5:4).







domingo, 11 de septiembre de 2016

SIE7E OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUAL



1) LA ORACIÓN COMO OBRA DE MISERICORDIA
Freddy J. Berrios G.
@Catolicoslinea

Las obras de misericordia son acciones caritativas ejecutadas por la Gracia del Espíritu Santo en la que socorremos al coetáneo en sus necesidades corporales y espirituales. En artículos anteriores se detallaron las obras de misericordia corporal, por lo que en este capítulo comenzaremos a compartir nuestras experiencias, testimonios y conocimientos de las obras de misericordia espiritual para Gloria de Dios.
Etimológicamente orar viene del latín oris –boca- porque de los labios brotan las oraciones; rezar significa repetir una oración o frase; rogar proviene del latín rogare –pedir-  y suplicar significa someterse; por lo tanto, la acción de comunicarnos repetidamente con nuestro Padre creador para pedirle cosas según sea su divina voluntad, es la clave para disfrutar la vida en abundancia.

¿Para qué sirve orar?

Para algunos escépticos orar es un tipo de “medicina alternativa” que sirve de terapia. Para los cristianos, la oración es la relación de Alianza entre Dios y la humanidad en Cristo; significa la acción vivificante inspirada por el Espíritu Santo que surge en nosotros la comunicación hacia el Padre creador en estrecha unión fraternal. (cf. CIC parág. 2564)
Orar es el privilegio de estar íntimamente unido a la Gracia del Reino de la Santísima Trinidad y mantenerse en la presencia divina para reflejar su Gloria en nuestras actuaciones cotidianas.

¿Nuestras oraciones son escuchadas?

Sí. Dios escucha nuestras oraciones, no obstante, la humanidad pecadora cambia el tiempo de la oración, condiciona penitencias y hace plegarias en detrimento de nuestro prójimo por no saber orar; nos preocupamos por las cosas del mundo hasta llegar a renegar de Dios, buscando olvidarnos de Él y de nuestro deber (cf. Dan: 9, 20-22; Is: 30,19; Prov: 15,8; Mc: 14, 32-42; Lc: 18, 1-8; Rom: 8,26; Heb: 5,7)
Para muchas personas orar es una pérdida de tiempo o sienten un silencio por parte de Dios. Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras) el que ora debe estar concentrado, su corazón y su psique se deben fusionar para convertirse en el centro escondido, sin acceso, excepto por el Espíritu de Dios, donde controle nuestras decisiones y tendencias psíquicas; así que la persona que ora con el corazón y/o la mente alejado de Dios lo hace en vano.

¿Por qué orar por los vivos y los difuntos?

Porque debemos auxiliar al prójimo que no sepa orar; otros hermanos también necesitan del apoyo en la oración para interceder por alguna causa trascendental y dentro del Misterio de la fe, Dios se sirve de momentos de desgracias o calamidades para instruirnos y dirigir nuestros corazones a Él. Los católicos estamos en comunión como Cuerpo Místico de Cristo, congregados como Iglesia Militante, seguidamente en Iglesia Purgante para finalmente gozar del amor divino en condición de Iglesia Triunfante.
Dios TRIUNO nos invita a hablar con Él para que seamos sus amigos; cuanto más le oremos, más estrecha será nuestra amistad como respuesta a la queja del Dios vivo a la sed del Hijo único (cf.Jer: 29,12; Salm: 145,18; Mat: 7, 9-11; Jn: 19,28; 1Pe: 5,7; Filp: 4,6) 


miércoles, 31 de agosto de 2016

LA SEMIOSIS DEL AQUA

  Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo
Arquidiócesis de Mérida – Venezuela

“Las Edades del Hombre”, proyecto evangélico y cultural  de las Iglesias de Castilla y  León (España) desde hace 28 años se ha paseado por los mejores templos de la región, por el que han pasado más de diez millones de personas que desde distintas creencias y variados intereses se han acercado a contemplar excelentes obras artísticas, se destaca una exposición monográfica dedicada al agua, destacando sus valores antropológicos, catequéticos, artísticos e iconográficos.
La pequeña y hermosa Villa Zamorana de Toro, a orillas de río Duero en este país ibérico, nos lleva a la plurifacética realidad del agua que se ha convertido en el mundo entero en un problema de supervivencia; su falta de abastecimiento se debe a múltiples factores de afectación ambiental, factores humanos y culturales, en los que su abuso irracional llevó a exclamar al Papa Francisco en la Encíclica Laudato si: “el agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”. Dos templos toresanos, la Colegiata de Santa María la mayor y la Iglesia del Santo Sepulcro nos llevan de la mano en esta maravillosa y sugerente exposición.
La sed del agua, en la tradición bíblica y en la espiritualidad cristiana, es un ícono de la sed de Dios. El agua ocupa en la historia de la humanidad un lugar destacado; es símbolo de vida, purificación, providencia y nos revela la relación entre Dios y los hombres en el sacramento del bautismo.
Volviendo al proyecto artístico, en seis capítulos muy bien hilvanados, el itinerario expositivo nos muestra el simbolismo y la virtualidad del agua, tal como se ha expresado artísticamente, para la vida del hombre, en la historia de la salvación y en el ser-hacer de la Iglesia. La exposición nos invita al encuentro entre la fe y la cultura a través del arte, de modo que cuantos la recorran se sientan invitados a sacar su sed de virtudes, verdad y amor, bebiendo el agua viva que Cristo hace brotar desde nuestro interior.

Tuvimos la dicha de poder disfrutar de esta edición de las “Edades del Hombre” de la mano de sus gestores, siempre cordiales, con guías empapados en el tema y con la fraternidad característica de quienes desde hace años nos llevan a descubrir en el rico arte castellano-leonés, lo que a lo largo de muchos siglos ha sido signo de la cultura que hemos heredados los hijos de esta tierra latinoamericana. Es la manera de templar nuestros espíritus porque el lenguaje artístico sobrepasa la realidad fáctica dándole un sentido a la existencia: la verdad y la belleza que parece escaparse, muchas veces hostil, que nos invita más al odio que al amor verdadero.        




martes, 9 de agosto de 2016

A 6 MESES DE SU PARTIDA




EL TIMBRE DEL "HOMBRE DE FUEGO"
 
EDGAR CUEVAS, EMULANDO A UN HERMANO
Freddy J. Berrios G.

Un hermano en Cristo que se desprendió de su amor propio para ayudar al prójimo; ardía en su corazón el fuego divino para enseñarnos que no es el último timbre de su acción evangelizadora sino el comienzo de su etapa como “diacono permanente”. El pasado 20 de febrero recibió este titulo de manera post-mortem en la Diócesis de Trujillo para seguir en su servicio bomberil en la Iglesia Purgante.
Esta es la vida de un soldado de Cristo que deja un legado a su comunidad de Sabana Libre y al mundo,  de quien aprendimos que no se debe dejar a un compañero en un incendio. Edgar  Atilio Cuevas Valero nació un 27 de agosto de 1952 en Mérida, referenciada como la “ciudad de los caballeros” y del que este cristiano es un noble ejemplo de arraigo andino.
Formó su identidad católica desde muy pequeño gracias a sus padres Atilio Cuevas y  María Valero que le enseñaron la importancia de vivir en el servicio al prójimo para luego aplicarla en su experiencia como Bombero voluntario a partir de los 10 años de edad. Al ser TSU en Telecomunicaciones consigue trabajar para CANTV y se muda a la ciudad de Valera a sus 26 años.
En la ciudad de Valera conoce la misión sacramental conferida por Dios en unión matrimonial con Luisa Patiño para vivir el Evangelio del que fue bendecido con tres hijos, frutos del amor misericordioso del Señor en respuesta de su obra por el bien común. Como hermano de comunidad ha sido ejemplo de perseverancia y paciencia en las “pruebas de fuego” que a diario se afrontan como Iglesia militante.


El milagro de su vida
Su testimonio de haber recibido un favor del Doctor José Gregorio Hernández siempre irradiaba una inmensa luz al transmitir su Fe para consolar al prójimo  y del que nos mantiene aún firmes en los momentos más difíciles. Contó Cuevas en una oportunidad que el Venerable lo salvó de que le amputaran una pierna cuando tenia siete años, pues había sufrido un accidente de tránsito. “Un día antes de la operación, en la noche, entró a la habitación  un señor alto, de sombrero y vestido con un hermoso paltó; estaba yo muy dormido y sólo recuerdo que me revisó la pierna. Al día siguiente, mi madre, que era muy devota de José Gregorio, me quitó la sábana y notó que tenía unos algodones llenos de merthiolate y al lado, una estampita del Venerable. Mi madre se arrodilló y dio gracias a Dios por la intercepción  de José Gregorio, ella le había pedido fervientemente que me sanara la pierna para que no me la cortaran.  Los médicos se molestaron y preguntaron que quién se había atrevido a tocar mi pierna, que algún enfermero había entrado sin permiso a curarme.  Cuando me fueron a operar, los médicos se dieron cuenta que los daños en la pierna eran menores. Estaba sano y fue gracias al favor concedido por José Gregorio Hernández”. 
Así como en la historia muchos santos cargaron con su cruz de manera discreta, el Coronel Edgar Cuevas llevaba una enfermedad por varios años y lo afrontó con tal determinación que un día bien temprano, de madrugada, en su hogar ubicado en la parroquia de Sabana Libre del Municipio Escuque, invita a su amada esposa y a sus hijas a rezar el santo rosario como ofrenda de agradecimiento, de fortaleza ante las insidias del adversario, de seguridad para despejar cualquier miedo ante la muerte; es así que el pasado martes 09 de febrero, en el cuarto misterio de dolor, nuestro hermano Cuevas sostiene la cruz de Cristo en expiación de sus pecados y dejando un aliento de satisfacción para ser libre eternamente.
Gracias hermano Edgar por mantenernos firmes en la Fe, nos veremos en el Paraíso, Dios te bendiga, amén.